En Argentina los ministros de Educación duran menos que el promedio regional

Desde el retorno de la democracia hubo 18 ministros y la duración promedio fue 1,9 años. En este período, la cartera cambió de denominación 7 veces. Esa volatilidad no contribuye a la continuidad de las políticas educativas.

Los ministros de Educación de la Argentina duran en promedio 1,9 años. La cifra corresponde a los últimos 35 años, desde el retorno de la democracia en 1983, y es inferior al promedio latinoamericano, que ronda los 2,3 años. Los especialistas advierten que la volatilidad de las autoridades educativas no contribuye a la continuidad de las políticas públicas, es decir, a la consolidación de la educación como política de Estado.

Los datos surgen del informe “¿Cuánto duran los ministros de Educación en Argentina?” del Observatorio Argentinos por la Educación, que indagó en la lista de titulares de la cartera educativa desde 1983 hasta el presente. Argentina tuvo 18 ministros de Educación desde el retorno de la democracia: al dividir los años del período democrático (1983-2018) por la cantidad de nombres que ocuparon la cartera educativa, se desprende que el promedio de duración es 1,9 años. Ese promedio es superior al de los ministerios de Economía, Defensa y Salud, pero inferior al de los ministerios de Relaciones Exteriores y Justicia (que duraron, en promedio, 2,3 años).

Entre 1983 y 2018, el Ministerio de Educación –que actualmente incluye también las carteras de Cultura, Ciencia y Tecnología– cambió de denominación 7 veces. Las presidencias con mayor rotación de ministros fueron la de Raúl Alfonsín (4 ministros en 5 años y medio) y la de Fernando De la Rúa (3 ministros en 2 años). En el período democrático solo hubo dos mujeres en el cargo: Susana Decibe (1996-1999) y Graciela Giannettasio (2002-2003). El ministro de mayor permanencia en el cargo fue Alberto Sileoni (julio de 2009 - diciembre de 2015), con 6 años y medio de gestión.

“Las reformas educativas requieren de un liderazgo persistente y por lo tanto la duración de los ministros puede verse como una condición necesaria para llevar adelante reformas”, plantea Ariel Fiszbein, director del Programa de Educación para el Diálogo Interamericano. Pero aclara: “Al mismo tiempo, la duración por sí sola puede ser solamente un síntoma de inercia en la política educativa y no de cambio que se sostiene en el tiempo”.

“El tiempo es un factor importante. Habría que poner también en la balanza con qué herramientas de gestión cuentan los ministros de Educación en relación con otros ministros, por ejemplo comparar la calidad de la información para tomar decisiones, o la existencia de normativa que los habilite a cambios fuertes –advierte Inés Aguerrondo, socióloga especialista en educación–. Sería bueno que, si la educación no es una política de Estado, fuera por lo menos una ‘politica de gestión’: o sea, que el presidente respectivo se comprometiera de tal manera que su política educativa no cambie porque cambia el ministro”.

Ignacio Ibarzábal, director ejecutivo del Observatorio Argentinos por la Educación, concluye: “Si bien la mayor duración de un ministro en el cargo no es garantía de mejores resultados educativos, sí resulta una condición favorable para implementar reformas y sostener la continuidad de las políticas”.

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Máximo Romano Larroca Coordinador de Prensa, Observatorio Argentinos por la Educación
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