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Hubo disparidades en la apertura de escuelas, según los datos de consumo eléctrico

Un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación estimó los niveles de apertura escolar en CABA y en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires, a partir de los datos de consumo eléctrico de las escuelas. Encontró asimetrías en los niveles de apertura entre distritos; las escuelas de CABA muestran los mejores indicadores.

Luego de la suspensión de clases presenciales y los cierres escolares durante 2020, la reapertura de las escuelas en 2021 avanzó de manera despareja en los distintos distritos del país. Al estimar los niveles de apertura por medio de los datos de consumo eléctrico escolar, se observa que las escuelas de diversas localidades avanzaron a velocidades diferentes. Los datos evidencian que, en lo que va de 2021, las escuelas de CABA tuvieron mayores niveles de apertura que las del conurbano bonaerense.

Las conclusiones surgen del informe “Estimación de apertura escolar a través de datos de consumo eléctrico”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Guadalupe Rojo (Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés) y Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman (Observatorio de Argentinos por la Educación). Utilizando datos de consumo eléctrico de las escuelas, el documento estima los niveles de apertura de escuelas para la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires y para algunos distritos del conurbano bonaerense, entre marzo de 2019 y mayo de 2021. La selección de los distritos se debe a la disponibilidad de datos. 

Además del norte de CABA, se analizó el consumo eléctrico de las escuelas de Escobar, Esteban Echeverría, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, San Fernando, San Isidro, San Miguel y Tigre. A partir de la información disponible, se clasificó a cada escuela, para cada mes analizado, con un indicador que señala el grado de apertura escolar según cinco niveles: 1) cerrado, 2) casi cerrado, 3) intermedio, 4) casi abierto y 5) abierto.

El valor agregado del informe radica en el intento de ofrecer un análisis gradual sobre la presencialidad escolar, intentando escapar de la dicotomía apertura/cierre, explican los autores. Se intentó hacer un relevamiento sistemático basado en una medida relativamente objetiva, lo que cobra particular relevancia frente a la ausencia de información pública. El mapa dinámico puede consultarse en: https://i.im.ge/2021/08/09/5f2ZT.gif

En 2019 se registra una apertura generalizada, mientras que en marzo de 2020 comienza un cierre total, también generalizado. De marzo a julio de 2020, el comportamiento es estable en niveles bajos. En meses posteriores, se observa un incremento, en parte por estacionalidad, hasta diciembre de 2020. A partir del ciclo lectivo 2021, empiezan a observarse disparidades: las escuelas de distintos distritos presentan niveles diversos de apertura (por ejemplo, por diferentes frecuencias de dictado de clases presenciales). Al interior de cada distrito, en cambio, se observa mayor homogeneidad. En mayo de 2021 se observa que 4,1% del total de escuelas analizadas estaban abiertas y el 50,8% cerradas. Además, el 27,4% se encontraron casi cerradas, el 11,8% con apertura intermedia y 5,9% casi abiertas.

“Mucho se ha escrito hasta el momento sobre la profundización de la brecha educativa a partir de la pandemia. Por lo tanto sería de vital importancia entender si hay un patrón en relación con el grado de apertura escolar y los factores socioeconómicos. El problema de la disparidad entre distritos se complejiza si aparece una asociación estadística entre desigualdad social y frecuencia o nivel de presencialidad –advierte Guadalupe Rojo–. La evidencia nacional e internacional ilustra que los daños asociados con el cierre de las escuelas aumentan para la población vulnerable. En condiciones de pobreza, la educación remota no es necesariamente virtual: esto significa que en la mayoría de los casos no se establece conexión entre la escuela y los alumnos, más allá de la entrega de cuadernillos. A los problemas de conectividad y falta de dispositivos electrónicos se suman las dificultades intrínsecas de las condiciones de habitabilidad, hacinamiento y menor presencia de los adultos para acompañar la educación en el hogar”.

Verónica Gottau, investigadora del Centro para la Evaluación de Políticas basadas en Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella, señala: “La escuela tal como la conocemos hoy en día fue pensada para la presencialidad, porque el aprendizaje se nutre con la interacción y el estímulo del otro. No se puede aprender en la soledad de una pantalla. Una escuela cerrada no solo coarta posibilidades de aprendizaje, sino que también deja a los niños y niñas sin un espacio que les es propio. Mis años de docencia me han enseñado que la calidad del vínculo determina la calidad del aprendizaje”.

“La pandemia y su impacto educativo nos obliga a ser creativos y a enfocar recursos materiales y humanos para que la vuelta a la presencialidad sea la mejor posible, teniendo en cuenta que, como se ha demostrado, los cierres complican en mayor medida a los sectores más vulnerables de la sociedad –reflexiona Flavio Buccino, maestro y especialista en gestión educativa–. Creo que hay que profundizar en formatos novedosos que todavía no han sido del todo bien aprovechados. Puede convertirse en una fabulosa oportunidad de mejora de la gestión del sistema educativo, avanzando en compromisos entre los diferentes niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal”. 

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Aldana Nazar Coordinadora de Prensa, Argentinos por la Educación
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